Cuando nuestros antepasados prehistóricos dejaron de ser nómadas y finalmente encontraron una manera de asentarse gracias al descubrimiento de la agricultura y la ganadería, las pequeñas aldeas se convirtieron en el lugar propicio para el desarrollo de las personas.
Pronto hubo techos para protegerse de las inclemencias de la naturaleza, la comida estaba a la mano y otros recursos como agua, madera y más, estaban estratégicamente bastante cerca como para llegar a ellas a unos cuantos pasos.
Las ciudades fueron avanzando con el tiempo y las chozas de palos se convirtieron en unos de barro y piedra, para posteriormente hacerse del arte de la arquitectura y los materiales de construcción como el tabique y el cemento.
Ahora estos asentamientos eran ciudades “modernas” aunque con caminos de tierra que eran tan amplios que se podían compartir con los caballos, carretas y una multitud de peatones que se hacían espacio entre ellos.
Con la llegada de los primeros automóviles comerciales a principios del siglo XX, se hacía cada vez más peligroso compartir espacio con estas inmensas máquinas, y poco a poco la humanidad le empezó a darle espacio los coches.
Las ciudades terminaron siendo diseñadas para los carros y no para los humanos
La era de la industrialización trajo consigo una nueva dinámica en las ciudades calmas, trayendo consigo un estilo de vida acelerado. El capitalismo también irguió empresas de todo tipo, una gran máquina que necesitaba de sus pequeños engranes para poder funcionar: los obreros.
Fue así como empezaron a surgir grandes ciudades diseñadas específicamente para poder transportarse de un lado a otro rápidamente para poder llegar a tiempo al trabajo, para poder transportar mercancía, para hacer llegar a la escuela a los futuro obreros y prácticamente para hacer que el dinero fluya con gran rapidez.
Todos estamos convencidos que una ciudad con un buen sistema de movilidad público es la clave de todo éxito y abundancia con sistemas de metros, trenes, autobuses y más, que sean puntuales y tengan la capacidad de poder gestionar la movilidad de miles y millones de personas.
Pero, en ese momento cuando hemos trabajado tanto y nuestro cuerpo nos pide parar un momento, es cuando finalmente despertamos del sueño inducido por las grandes empresas y nos damos cuenta que realmente ese estilo de vida nos trae beneficios como seres humanos.
Cuando se trata de darse un respiro, caminar sin prisas por las calles, hacer ejercicio o tratar de despejar la mente, nos damos cuenta que los peatones, las personas en silla de ruedas o muletas, personas con discapacidad visual, realmente se la pasan de lo peor.
Muchas veces hay que caminar manzanas completas para poder encontrar un paso peatonal, las ciclo vías brillan por su ausencia o están en pésimo estado, y los accesos para personas con discapacidad están mal hechas.
Los altos índices de contaminación del aire y auditiva, el estrés que genera el tráfico, y más, es lo que muchas veces nos pone a reflexionar, ¿las ciudades realmente están hechas para que vivan las personas o para los coches?
La revolución de los peatones empieza a surgir y el plan es ir desplazando a los coches
Desde luego, hacer que los coches desaparezcan, cerrar calles y demás no es una buena idea por donde quiera que lo veas, después de todo, por muy mal que suene lo antes dicho, seguimos teniendo la necesidad de salir a buscarnos el pan y el dinero para pagarnos la vida.
Pero, en una gran ciudad al menos hay un cruce o una avenida donde realmente se puede recuperar el espacio para los peatones sin interrumpir el flujo de vehículos, pues los espacios otorgados a las máquinas muchas veces hasta superan lo que realmente necesita, y que mejor que dárselos a las personas que apenas y pueden transitar en las estrechas aceras.
Mientras miles de negocios y oficinas seguían cerradas y las calles estaban casi vacías, esta nueva dinámica que vino a cambiar la forma de vivir de muchos fue el momento perfecto para poder recuperar la ciudad y regresarle a las personas una necesidad esencial: la de poder moverse libremente.
Con un bajo tráfico de vehículos, las calles de cuatro vías eran completamente innecesarias, así que utilizaron algunos tramos de estas y las convirtieron en calles de doble vía, utilizando los otros dos carriles restantes para darle más espacio a las ciclovías y el tránsito de peatones con todo y “distanciamiento social” para evitar infecciones del virus.
El ejemplo vino de otras ciudades como Berlín, quienes no pensaron dos veces para implementar un plan de expansión de carriles para bicicletas, y de paso crear otras cuantas más y así aligerar el uso de transporte público.
En Oakland, Estados Unidos, también aprovecharon cerca de 120 kilómetros de calles con una iniciativa de apertura de “calles lentas” donde también se limitaba la velocidad al tráfico en ese tramo.
Nueva Zelanda también invirtió en proyectos y una táctica de urbanización, creando líneas de ciclovías y expandiendo rutas de peatones ya existentes para incentivar el distanciamiento social.
Piazze Aperte en Milán regresa las calles a las personas de la forma más creativa jamás vista
Piazze Aperte es una iniciativa donde colaboraron Bloomberg Associates, Agenzia Mobilità Ambiente Territorio y Global Designing Cities Initiative con la finalidad de utilizar cruces para rediseñar el tráfico de vehículos y utilizar el espacio sobrante como una mini plaza.
Aunque ya ha realizado múltiples proyectos desde 2018, destaca uno de los más recientes en Piazza Spoleto-Venini, un cruce de vehículos bastante confuso donde varias calles convergen en un solo punto donde los conductores deben ser muy habilidosos para poder cruzar sin tener un accidente.
Los diseñadores del proyecto decidieron reasignar el flujo de las calles, donde en vez de hacer que los carros que vienen de todas direcciones traten de cruzar en un en un punto, conectaron calles aledañas.
Por ejemplo, los que vienen de la calle noreste, ahora tendrían un paso directo y libre a la calle sureste, y lo mismo con las calles del noroeste que desean atravesar al suroeste.
Fue así como quedó un espacio en medio que no demoraron en convertirlo en una pequeña plaza bastante económica, pues en vez de mandar a hacer la infraestructura de una plaza, simplemente delimitaron el espacio con macetas, y pintaron la zona de la plaza con un diseño en colores, además agregaron muebles de exterior para que la gente pudiera detenerse y sentarse.
Fue así como los peatones recuperaron una buena porción de calle, y ahora no solo sirve como un punto seguro para transitar, también se volvió un punto de recreación donde familias pueden ir con sus hijos a patinar, o personas de la tercera edad a tomar el aire fresco.
El gran trabajo de reorganización del tráfico a medida que siga funcionando para los conductores y que sea un espacio ganado con un poco de pintura y macetas, es lo que realmente le ha dado el nombre de urbanismo táctico, y sobre todo, de bajo costo.
Otros efectos positivos que no estaban planeados gracias al urbanismo táctico
Ganar espacio para los peatones no solo se trata de darles más espacio, sino hacer que se respeten los ya existentes como los caminos peatonales que en muchas ciudades se resisten en respetar.
Es por eso que otro aspecto del urbanismo táctico ha sido llevar el arte a los asfaltos, pintando con colores llamativos y diseños hermosos los cruces peatonales para que sean imposibles de no verlos.
Con el tiempo, se dieron cuenta que estas tácticas lograron disminuir el índice de atropellamientos en los espacios peatonales, pues le quita a los automovilistas esa falsa idea de que las calles son para los coches y tienen siempre la preferencia, incluso llegando a invadir los cruces peatonales.
Pero el arte hace lo suyo sobre la mente de las personas, tanto en conductores como peatones, pues ahora todos pueden disfrutar de ver algo encantador durante el camino.
Durante encuestas, se dieron cuenta que las personas realmente disfrutan de ver su ciudad con hermosos parajes que puede hasta hacer cambiar de humor a cualquier persona que haya tenido un mal día.
Posiblemente, de llevar el urbanismo táctico a más lugares dentro de las ciudades y lo implementan cada vez más países, incluso los preocupantes índices de estrés y depresión de muchas personas que viven en ciudades grandes pueda disminuir un poco también.