Fueron bien claros los científicos cuando dijeron que el aumento de temperatura global podría traer catástrofes en cadena, y solo hace falta exceder 1.5°C para que eso ocurra, y las consecuencias las estaríamos pagando entre los años 2030 y 2052, pero ¿qué significa esto?
Esta aparente minúscula variación de temperatura podría hacer la diferencia entre el mundo que conocemos ahora y otro lleno de carencias, y no es necesario llegar hasta el 2030 pues los cambios ya han estado sucediendo de forma gradual.
Los escépticos dirán que las catástrofes naturales son eso, naturales, y que siempre han sucedido, sin embargo, es la primera vez que vemos una escala tan grande de estos fenómenos, como incendios forestales en masas alrededor del mundo, temperaturas veraniegas más altas de lo normal que han cobrado vidas y escasez de alimentos donde antes no lo había.
Pero no todo ocurre sobre la superficie terrestre, también las temperaturas en las profundidades oceánicas orquestan y organizan un ecosistema que no podemos observar, pero de las que dependemos para obtener alimentos.
Debido a que muchas criaturas marinas viven y se reproducen en temperaturas y condiciones muy estrictas, corrientes de agua más cálidas han causado una disminución preocupante de ciertas especies que podrían extinguirse ya que solo pueden vivir a temperaturas más heladas.
En fin, podríamos seguir hablando del efecto dominó catastrófico que podría causar este aumento de 1.5°C, y sin tomar en cuenta siquiera los efectos que la ciencia aún desconoce pero que iremos observando con el paso del tiempo, pero en este punto donde ya las estamos sufriendo, apremia más conocer formas para impedirlo.
Es aquí donde hablamos del famoso Acuerdo de París del que todo el mundo habla cuando se trata de cambio climático. Este acuerdo que entró en vigor en noviembre del 2016, recolecta 195 firmas de autoridades de 55 países que asistieron a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
Esta convención que tocó la preocupación por los gases de efecto invernadero, selló el compromiso de estos países para impedir a toda costa el aumento de esos 1.5°C. Para ello tienen que realizar acciones para reducir las emisiones de contaminantes, algo que no ha sido tan fácil como pensábamos.
Desde entonces, gradualmente hemos visto surgir novedosas formas de adquirir energía de forma limpia, levantando generadores de energía eólica, aumentando la industria de los paneles solares, mitigando el uso del carbón, creando leyes que favorecen el uso de vehículos ecológicos, entre otros.
En el camino y gracias a toda la investigación que ha surgido de lograr este compromiso, la ciencia ha encontrado que incluso nuestro propio planeta podría ser clave para hacerlo a tiempo, pero este conocimiento aún está en pañales como para aprovecharlo ya mismo, pero ya hay propuestas sobre la mesa.
Los científicos ya tienen ideas y propuestas para usar los océanos para salvar nuestro planeta
Sin embargo, con el paso del tiempo se ha vuelto cada vez más evidente que poder cumplir con dicho tratado es más complicado, lo que lo ha hecho toda una misión imposible de hacer especialmente cuando el daño ya se nos ha salido de las manos.
Y aunque la catástrofe mayor está proyectada a varias décadas, ya se están encendiendo las alarmas alrededor del mundo ante lo inminente y más catastrófico: el aumento del nivel del mar.
Es tan tangible este desastre que incluso el mercado inmobiliario de Estados Unidos ya se ha visto golpeado en cuestiones de inversión, y es que es cada vez menos factible vender un edificio o casa en las maravillosas costas de Florida, un lugar que siempre ha sido altamente codiciado.
Las pérdidas inmobiliarias son reales y actuales, pero entonces ¿por dónde empezar si existen tatas fuentes de contaminación atmosférico? Tan solo en 2019 el National Academies estima que fueron liberados diez gigatoneladas, monto que seguirá en aumento.
Para ser realistas, el ser humano no tiene la capacidad de poder detener más de diez mil millones de toneladas de CO2 liberadas en el medio ambiente sin colapsar económicamente, por eso los científicos tuvieron que ver alternativas que puedan ayudar.
En un informe de más de 300 páginas, la Academia Nacional de Ciencia de los Estados Unidos pudo dar una pequeña luz de esperanza y se trata de nuestros océanos.
Resulta que el océano no es solo una masa enorme de agua, también cumplen una función imprescindibles para el equilibrio climático del planeta entero regulando la temperatura, además, pese a lo que se piensan de los grandes bosques, los océanos es el verdadero pulmón del mundo expulsando grandes cantidades de oxígeno.
Además, se sabe que tiene la capacidad de absorber alrededor del 30% de las emisiones de CO2 en el mundo, e incluso podría absorber el 80% del calor provocado por el efecto invernadero, lo que no significaría una solución, pero si nos ayudaría a ganar tiempo.
Pero debemos tener en cuenta que incluso esto podría traer efectos nocivos a nuestros mares, como la desaparición de los glaciares que ya lleva décadas en proceso, el aumento del nivel del mar antes mencionado, la acidificación de las aguas eliminado ecosistemas enteras, y otros posibles problemas desconocidos hasta ahora por la ciencia.
Así que este potencial coadyuvante en la lucha contra el cambio climático, lejos de verlo como una solución, solamente podemos ver la como una opción que traería sus propias consecuencias pero que al menos abre una opción.
El trabajo que hace el mar podría ser completado con otras tecnologías en tierra para absorber CO2
Para complementar el trabajo de los océanos es necesario que el ser humano ponga de su parte para aumentar el porcentaje de CO2 que se pueda extraer de la atmósfera, y una que ya lleva tiempo desarrollándose son los extractores de aire que podría capturar el dióxido de carbono y transformarla para uso comercial, además de restaurar la humedad en las costas y otros ecosistemas.
Empresas como Carbon Engineering ha apostado por la producción de combustibles a base de dióxido de carbono capturado, aunque apenas estaba en una etapa piloto en 2017 para averiguar qué tan factible económicamente era abrir este mercado.
Por su parte, la Academia Nacional de Ciencias también tiene su propia propuesta basada en fertilizar los mares utilizando fósforo o nitrógeno para aumentar los procesos fotosintéticos del fitoplancton, los verdaderos héroes que se encargan de absorber el CO2 en los mares y luego transferirlo a las profundidades del océano para que otras criaturas se beneficien de ella.
Otra idea que también consiste en alimentar al fitoplancton sería la de llevar a estas pequeñas plantas a la superficie con todo y nutrientes y CO2 , aunque este último al requerir más intervención humana, es una idea que solo se ha dejado colgado por si caso.
Entonces la Academia Nacional de Ciencias apostará por cultivar estos pequeños vegetales marinos para poder transferirles el carbono, sin embargo, a pesar de ser un proceso completamente natural, no está exento de presentar sus propias consecuencias al ser manipulado.
Son propuestas que deben tomarse con pinzas pues podría ocurrir un “efecto mariposa” donde un pequeño cambio en el patrón natural pueda causar su propia línea de conflictos ambientales. Lo que es precisamente la misma problemática de otras propuestas.
Tal es el caso del aumento de pH alcalino en el océano que en teoría eso ayudaría a una mayor absorción de CO2 pero que también ese cambio podría ser la diferencia entre la vida y la muerte de millones de especies, sin mencionar que es procedimiento altamente costoso.
Para poder tener una mejor idea de las posibles consecuencias de que el humano modifique artificialmente el océano, se requiere de años y un gran equipo de investigación, por ello la Academia ha propuesto abrir un programa de investigación que podría requerir una inversión de 125 millones de dólares.
Los primeros resultados que se pretenden obtener es comprender todos los desafíos y obstáculos con los que se podrían encontrar si se implementaran estas y futuras propuestas de eliminación de CO2 con ayuda del fitoplancton.
Ya que no solamente tendrá un gran impacto a nivel de ecosistema, también podría traer cambios importantes económica y socialmente principalmente para aquellos sectores que se benefician de los productos marinos como navegantes y pescadores.
Estas investigaciones podrían estar dando sus frutos en no menos de 10 años si todo va como lo planeado, mientras tanto no se pretende dar siquiera un caso, pues los investigadores y científicos admiten que se tiene un conocimiento nulo sobre los beneficios y desventajas de sus acciones.