Los primeros lácteos se crearon por culpa de una mosca

En la actualidad podemos encontrar una gran variedad de productos lácteos que podemos utilizar en diversos de platillos, postres e incluso disfrutarlos solos por su gran sabor.

Pero, ¿sabías que podemos gozar de ciertas variaciones de lácteos gracias a un pequeño insecto?

Mosca de Fruta al rescate de nuestro paladar

Normalmente podemos ver a la mosca de fruta merodear cerca de frutos y vegetales muy maduros que está a punto de descomponerse, y también la que está expuesta sin cáscara.

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Además de alimentarse de fruta, también libera huevecillos que luego de un tiempo eclosionan, dando como resultado las características larvas en la comida descompuesta.

Sin embargo, un estudio realizado por investigadores de microbiología y biotecnología recientemente publicó sus hallazgos en la revista científica digital Current Biology.

Dicha investigación menciona que hace 6,000 años pudor ser la mosca de la fruta la pieza fundamental en el proceso de fermentación de la leche para producir queso y yogurt.

Explican que ha sido la mosca de la fruta quien entró en contacto con leche fresca dando como resultado una levadura muy diferente a la que existía.

Y todo esto ocurrió gracias a una serie de eventos que el ser humano se dio cuenta el potencial de este pequeño insecto.

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Un vistazo al origen de la producción de queso y yogurt

Es gracias a ciertos tipos de levadura que la leche es capaz de fermentarse (o mejor dicho, de fermentar el azúcar que contiene la leche), así como la lactosa, y este hecho fue el que dio la primera pista.

Y es que este tipo de mosca normalmente posee un tipo de levadura (K lactis) en sus patas, dicha levadura entraría en contacto en la leche causando el efecto de fermentación, pero a continuación descubrirás que no fue tan simple.

Lo interesante es que la levadura de la mosca de fruta no se alimenta de la lactosa de la leche, es decir, el efecto de fermentación no se llevó a cabo de forma directa.

Se descubrió que la mosca de fruta se ahogó en la leche, y esta leche casualmente ya poseía otro tipo de levadura (K marxianus), que al entrar en contacto con la levadura del insecto se formó un microorganismo capaz de procesar la lactosa y hacer toda la magia.

Fue así como se dieron cuenta que para la obtención de diversos productos lácteos basados en la fermentación se necesita la combinación del K lactis y el K marxianus.

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Con el tiempo se trató de reproducir el K lactis de la mosca de fruta y mejorarla de forma manual, haciendo posible el proceso de fermentación de la leche sin la presencia del K marxianus facilitando el proceso de producción de queso.

Y no solo eso, también garantizaría que el sabor y la calidad de los productos fermentados fueran superiores a la versión natural con el K marxianus.

Fue así como las personas de culturas muy antiguas ya podían producir nuevos alimentos y con un fantástico sabor nunca antes experimentado basado en quesos y yogurt.

Una cosa llevó a la otra 

Al darse cuenta que el nueva y mejorada levadura K lactis producía un mejor resultado, se apresuraron a continuar reproduciendo el mismo sabor.

Usando esta levadura y tratando de obtener más queso y yogurt, terminaron modificando y adecuándola obteniendo nuevos tipos de quesos.

Y todo esto ocurrió hace aproximadamente 5.500 de años, es decir, cerca de la era neolítica cuando el ser humano apenas comenzaba a superar la edad de piedra.

Y aunque apenas empezaban a utilizar herramientas de piedra pulida, ya realizaban actividades agropecuarias para obtener alimentos en vez de cazar cada día, y ya eran capaces de disfrutar de quesos como el kéfir.

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Esto se evidenció al examinar restos de individuos ingleses de aquella época, encontrando proteínas lácteas que demostraban que ya consumían leche tanto cruda como fermentada.

Todo esto no solamente significó nuevos sabores, sino también una nueva e importante etapa en la dieta del ser humano luego de poder domesticar semillas salvajes para la producción de trigo que diera lugar a los cereales como su alimento base.

Ahora cada vez que vayas a degustar de un delicioso queso o yogurt, no olvides que este alimento milenario nos lo ha regalado la mosca de fruta.