La ciencia detrás del porqué recuerdas mejor un nombre que un rostro

Todos pasamos por ese momento bochornoso cuando un compañero del colegio nos reconoce y saluda en la calle, pero en ese momento no tenemos ni idea de quién es y tenemos que regresar el saludo cortésmente, solo para luego tratar de hacer memoria desesperadamente para saber quién podría ser.

Muchas veces la memoria a largo plazo depende de momentos destacables para su conservación, es por eso que algunas personas nos recuerdan después de muchos años, ya sea por un suceso o una característica de nosotros que fue relevante para esa persona.

Pero si para nosotros esa persona realmente no tuvo gran impacto en esa época, lo más probable es que nuestro cerebro elija eliminar parte de la información como las personas u objetos, o incluso todo el episodio.

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Así que no te preocupes, no eres una mala persona, se trata de un proceso totalmente normal, y tampoco debes compararse con esa personas que es capaz de reconocer todos los rostros, pues de hecho son la minoría y hasta les han puesto un nombre en la neuropsicología por lo raro que son estos “súper reconocedores”.

Desde luego, está el otro extremo de la cuerda, quienes tienen realmente problemas para recordar los rostros incluso de quienes fueron sus más grandes amigos, familiares, incluso gente con las que pasó toda su vida. Es una condición que causa ceguera ante los rostros y se llama prosopagnosia.

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Lo impactante de esta condición no es que tengan mala memoria, sino que su cerebro es incapaz de procesar los rostros todo el tiempo, nunca han podido ver los rostros de las personas que tienen en frente. Estas personas incluso pueden llegar a nunca conocer el rostro de sus padres, pareja e hijos, aunque algunos lo adquieren luego de un accidente cerebral.

Pero no nos vayamos a los extremos, hablemos del porqué al recordar un anécdota de la niñez podemos recordar nombres y apellidos, pero en nuestra mente los rostros pueden ser borrosos o incluso ya no podemos recordarlos, ¿serán síntomas de alguna enfermedad como el alzheimer?

El proceso para reconocer los rostros es más complejo de lo que pensábamos

Muchas veces pensamos que nuestra vista funciona igual que una cámara, el cual detecta la luz  y pasa por una serie de lentes para obtener la imagen, pero nuestro sentido de la vista no funciona para nada así.

En efecto, nuestros ojos son capaces de absorber la luz y los colores, pero no es más que eso: luz, oscuridad y colores extraídos de la misma luz, entonces ¿cómo hace nuestro cerebro para unir todo eso y entregarnos en nuestra mente un objeto?

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Ya de por sí cuestionarnos esto nos confunde, pero existen procesos aún más complejo que nuestra mente hace en automático, como poder capturar con el paso del tiempo los más mínimos detalles para poder diferenciar dos objetos que de primer vistazo son idénticas.

Los rostros humanos es un ejemplo de ellos, pues objetivamente los rostros humanos especialmente de la misma raza o incluso entre la familia pueden ser bastante similares y nuestro cerebro trata selectivamente de obtener ciertos rasgos para poderlos diferenciar de otras personas y así darles su propia identidad.

Hay teorías de que incluso los procesos de reconocimiento facial podrían estar muy relacionadas con las de la lectura, ¿cómo es esto? Pues que para leer necesitamos poder recuperar información bastante precisa y refinada como poder diferenciar la “a” de la “e”, la “j” de la “g”, etc., y nuestra mente lo hace en cuestión de décimas de segundo.

Es así como somos capaces de ser presentados ante un nuevo grupo de amigos y nuestra mente hace procesos ultra rápidos para poder extraer esa información diferenciadora entre varias personas.

La Universidad de Nueva York ha hecho también sus propios estudios que también intentan explicar la conexión entre recordar un rostro y un nombre, pues muchas veces resulta ser socialmente contraproducente ver una persona y no poder recordar su nombre, especialmente si son gente de influencia en nuestro entorno.

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Pero estos estudios han podido demostrar que no es así, no es que veamos una cara  no podamos recordar su nombre, en realidad es que vemos una cara que se ha desconectado de nuestra memoria, así que difícilmente podríamos recordar el nombre con el que ha sido “etiquetado”. Interesante, ¿cierto?