Cómo las vacunas han hecho avanzar al mundo

Un virus atacó a la población infectando a miles de personas, usaron productos especiales para limpiar todo lo que tocaban, mientras todos esperaban impacientemente a que la vacuna finalmente estuviera a disposición pública.

Las personas no salían de sus casas y cuidaban en extremo a sus hijos para que no se contagiaran, cerraron escuelas y la ciudad se paralizó para poder contener los contagiados por este terrible virus.

No, no estamos hablando del Coronavirus, covid-19 o Sars-Cov 2 que nos está aquejando en la actualidad, estamos hablando de un evento situado en 1956 cuando Argentina sufrió una terrible epidemia de poliomielitis.

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Del mismo modo que muchos países han sufrido epidemias y pandemias como el virus H1N1 en Estados Unidos en 1918 que obligó a las personas a quedarse asustados en casa, saliendo con cubre bocas y solo viendo pasar un desfile de fallecidos por esta terrible enfermedad invisible.

Estos son solo algunos ejemplos de virus y enfermedades que han golpeado duro a las sociedades de todo el mundo alguna vez en su historia, y hoy nos damos cuenta que no importa cuán tecnológicamente desarrollada sea la humanidad, seguimos siendo personas, seres vivos que pueden enfermar y morir.

Entonces te preguntarás, ¿cómo es que hemos estado viviendo tan pacíficamente y despreocupados hasta ahora?, como si todos esos eventos nunca hubiesen tomado lugar en nuestra historia.

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Las vacunas es la respuesta a esta pregunta, la medicina sanadora que ayudó a la humanidad a poder superar las epidemias y volver a la normalidad, saliendo a las calles, reuniéndose, regresando a las aulas y oficinas, y viviendo plenamente.

«Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla»

Esta frase célebre de Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana, es una lección que todos los seres humanos debemos de tener en cuenta sin importar qué tan avanzada esté nuestra sociedad, pues la realidad no avanza de forma lineal, es decir, no pasamos por algo y luego seguimos adelante con la tranquilidad de que no se volverá a repetir, sino lo opuesto.

La historia documentada nos ha hecho conscientes de que las cosas, por muy antiguas y arcaicas que parezca, pueden volver a repetirse en nuestro presente y futuro, por lo que nunca tenemos garantías.

Basta con leer documentos o libros de aquella época donde la polio se volvió una epidemia, leer cómo las personas pasaron por miedo e incertidumbre, teniendo que ocultarse en casa con la impotencia de no poder hacer nada más que ver la vida pasar y la muerte tocar la puerta de amigos, familiares y vecinos, para darnos cuenta que hoy la realidad es la misma.

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El temor a la fiebre

En aquella época, tener un poco de fiebre era signo de alarma, pues no se sabía si se trataba de un simple resfriado o si el siguiente síntoma sería la atrofia muscular, deformaciones y parálisis, síntomas propios de la polio.

Gracias a las vacunas, vivimos gran parte de nuestra vida percibiendo a la fiebre ligera como algo que se cura con una píldora y descansar un poco. Para muchas generaciones como los denominados millenials y los que le siguieron, jamás representó un problema mayor.

En el continente Africano, este 2020 apenas se declaró libre de la poliomielitis, otro recordatorio más de que las cosas vuelven y que también mucho depende de qué tan avanzado o rezagado esté dicha sociedad podrá superarlo rápida o lentamente.

Y esto último nos hace darnos cuenta que no solo basta con recordar nuestro pasado, sino que debemos de aprender y realizar acciones de acuerdo con esta reflexión que nos ha dejado la experiencia.

Bajar la guardia ante los peligros del pasado nos hace totalmente vulnerables

Como mencionamos antes, la realidad no es lineal y tiende a repetirse hasta cierto punto especialmente cuando hablamos de enfermedades, pues incluso en la actualidad todavía han existido casos de enfermedades tan antiguas como la peste negra.

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En España, no se había visto casos de polio considerables desde 1988 gracias a los esfuerzos de las autoridades gubernamentales y sanitarias en sus campañas de vacunación y la ciudadanía que acude a ellos con puntualidad, al igual que muchos otros países desarrollados lo han hecho con estas y otras enfermedades.

Sin embargo, superar enfermedades y mantenerlas lo suficientemente controladas para no representar ninguna clase de preocupación no significa que se deba bajar la guardia o suavizar los programas sanitarios.

Pues ejemplos como la difteria que había desaparecido desde 1984 volvió a aparecer en el 2015 con la muerte de un menor en Cataluña, lo que nos hace conscientes de que, de alguna u otra manera, siempre puede volver en menor o mayor medida, especialmente cuando en otras partes del mundo aún existen y se pueden transmitir por inmigración.

Afortunadamente, casos como la rubeola vencida en 2015, sarampión excluida desde 2016 y la cólera desaparecida desde la década de los 70, así como la malaria que dejó de ser una preocupación 1964, nos dan un respiro en definitiva, pero las cosas no son así de simples.

Muchos de las generaciones actuales jamás lograron vivir los sucesos que fueron vencidos con la intervención de las vacunas, convirtiéndose en una generación que incluso pueden poner en cuestionamiento su eficacia o veracidad.

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El peligro de los antivacunas

Es así como vemos a los grupos anti-vacunas que pueden tranquilamente desde su ignorancia poner en juicio el papel de las vacunas como solución a enfermedades virales. Algo que en países como Nigeria no podría suceder pues apenas este 2002 se consideró una nación libre de polio gracias a los esfuerzos sanitarios, y hablar de los insignificantes riesgos sería trivial cuando vivieron una fuerte etapa endémica.

Resulta hasta irónico pensar que los movimientos anti-vacunas han podido suceder y tener éxito gracias a la tranquilidad y una era limpia de enfermedades gracias a la intervención de las vacunas.

Estos movimientos son un claro ejemplo de personas que no conocen el pasado y no hacen un intento por considerar cómo Europa era apenas hace un siglo, una generación atrás, donde la esperanza de vida terminaba a los 47 años a causa de enfermedades como la cólera, viruela, tétanos y otras enfermedades que llegaron a su fin con el desarrollo de las vacunas.

Hasta ahora, poco o nada se ha podido lograr para convencerlos de lo contrario, creyendo ciegamente en datos sin fundamento y su incapacidad por aprender de su propia historia, lo cual representa un peligro.

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En el 2018, cuando el movimiento cobró mucha fuerza en distingos países gracias al mal uso de las redes sociales, lograron que muchoa se opusieran a vacunar a sus hijos, como consecuencia, el sarampión que había sido erradicado décadas atrás reapareció en Europa y Sudamérica cobrando decenas de vidas.

Optimismo prospectivo, la venda que cubre los ojos de las futuras generaciones

Básicamente fue la piedra con la que tropezaron muchos gobiernos al rededor del mundo cuando surgió el terrible covid-19, pues creímos que solo las cosas mejoran en el futuro y que todo lo malo solo ocurrió en el pasado para nunca repetirlo, esto es el optimismo prospectivo.

Pensamos que las guerras más sangrientas se quedaron en la edad media cuando todo el tiempo estamos escuchando sobre amenazas de guerras en el mundo, pensamos que males sociales como el racismo y la homofobia son algo de hace un par de décadas, pero aún cobra vidas de personas inocentes.

Gracias a las películas medievales supimos que la peste negra era la peor enfermedad y que es un mal de aquella época que es imposible que regrese, después de todo somos una sociedad superior y más avanzada, pero en 2015 y este 2020 todavía se registraron casos de esta enfermedad.

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De alguna u otra manera, las sociedades comenzaron a inculcar (tal vez como un mecanismo de defensa) el siempre pensar que «todo será mejor en el futuro», una esperanza que suaviza los golpes del presente pero que en realidad no es ninguna regla o garantía de que suceda.

No lanzar las campanas al vuelo

Es por ello que debemos de estar alerta y rechazar cualquier tipo de truco psicológico y charlatanería que pretende ensuciar la perspectiva que tenemos de las vacunas y su importantísimo papel en una sociedad, capaz de recuperarse de terribles rachas de enfermedades.

Y esto incluye palabras dulces que comúnmente salen de labios de políticos que pueden hacernos bajar los brazos ante el peligro y volvernos vulnerables e incluso ignorantes al no sentir la necesidad de volver al pasado para aprender de ella.

Como sucedió actualmente con el gobierno de China tratando de ocultar la verdad del Covid-19 o el gobierno de Donald Trump restándole importancia a la enfermedad en mensajes oficiales a la nación, provocando que la población no fuese consciente del peligro hasta que fue demasiado tarde.

Esta pandemia es un recordatorio de que no estamos a salvo de males tan antiguos como las enfermedades, y que deberíamos no quedar indiferentes ante las lecciones aprendidas por nuestros antepasados.