El FBI (Buró Federal de Investigaciones) de Estados Unidos, es bien conocido por ser una agencia gubernamental que está siempre vigilante, y tiene todo lo necesario para desenmascarar desde crímenes civiles, hasta casos de seguridad nacional como terrorismo y espionaje.
Es de esperarse que los criminales más buscados de Estados Unidos estén en la lista negra del FBI, pisándoles siempre los talones para saber hasta qué desayunan por la mañana, obteniendo datos que al conjugarse, puedan dar pistas al posible próximo gran golpe.
Pero lo que pocos saben es que hay personajes famosos que también estuvieron bajo el ojo riguroso del FBI más que nada por sospechas y «por si acaso», principalmente por dar declaraciones que pueden dejar mucho a la imaginación.
Tal es el caso de Albert Einstein, un personaje histórico que nunca dio algo de qué hablar en términos de crímenes, espionaje, terrorismo o algo parecido, claro, a excepción de que sus estudios dieron lugar a la bomba más letal del mundo, pero eso estuvo fuera de sus manos.
Entonces, ¿por qué Einstein tiene múltiples archivos acumulados en el FBI?, ¿acaso realmente dio alguna muestra de sospecha que pudiera poner a Estados Unidos a temblar?
Declaraciones del Einstein que le hizo merecer un inmenso archivo en el FBI
El famoso físico no solo hablaba sobre matemáticas y ciencia cuando declaraba públicamente, también es reconocido por estar en contra del racismo, las bombas nucleares e incluso contra el nacionalismo.
Algunas de sus declaraciones más conocidas hablan sobre que el concepto de raza no es más que un fraude, que en la modernidad ya no existe nada parecido a una raza pura al estar entremezclados entre varias etnias, algo que la modernidad y la entonces emergente globalización regalaba.
Pero estas palabras a las que muchos podemos estar de acuerdo no son las que sembraron la semilla de la sospecha, sino sus declaraciones sobre el nacionalismo, la comida de todos los días de un estadounidense.
«El nacionalismo es una enfermedad infantil, es el sarampión de la humanidad», es algo que respondió cuando le preguntaban si se consideraba un alemán o un judío, por ahí de 1929 cuando todavía había que pertenecer a un bando.
Para el nacionalista más radical de la historia, Estados Unidos, esto le cayó como una pedrada especialmente cuando Einstein pisó tierras norteamericanas para trabajar en la Universidad de Princeton.
Y fue precisamente durante su estancia cuando los nazis se levantaron en Alemania y tomaron el control, y pese a que ya se había manifestado en contra de los Nazis y se nacionalizó en Estados Unidos para encontrar la forma de ayudarlos a ganar la Segunda Guerra Mundial, las sospechas siempre estuvieron en alto.
Para la muerte del famoso científico en abril de 1955, la FBI ya contaba con un archivo inmenso de 1,427 páginas, producto de la investigación de Edgar Hoover, director de la agencia que tenía una profunda sospecha contra Einstein.
En fin, a Einstein no lo bajaba de un muy posible comunista, e incluso un activista radical oculto bajo la fachada de ser un pacifista, antifascista y hasta espía de la Unión Soviética, el eterno rival de Estados Unidos.
¿Realmente Edgar Hoover tenía razones para mirar sobre el hombro de Einstein?
Todo parece indicar que Hoover no tiene una buena reputación pese a ser el primer director de la FBI, papel que desempeñó por casi 40 años donde modernizó la agencia con la más alta tecnología para la investigación policial del momento.
De hecho se le atribuye la creación del primer archivo a partir de huellas digitales y haber incluido la ciencia, específicamente laboratorios forenses, en el deber de la investigación federal.
Pero no siempre se habló perlas de Hoover, de hecho dio mucho de qué hablar después de su muerte cuando salió a la luz varias actividades secretas que estaba más allá de su deber y sus funciones.
Por ejemplo, se sabe que utilizó sus influencias del FBI para acosar y perseguir activistas, y prácticamente a cualquier persona que mostrara estar en desacuerdo con la visión patriótica de todo estadounidense, especialmente durante las protestas contra la guerra de Vietnam y el apoyo a los derechos civiles.
También se le encontró archivos secretos de numerosos líderes políticos que se obtuvieron mediante procedimientos ilegales como amenazas e intimidación de al menos ocho presidentes que pasaron durante su estancia como director de la FBI, que dejó ver su abuso de poder y corrupción.
Tuvo incluso fricciones con el presidente Truman al ver que Hoover desvió el objetivo de la FBI de ser una agencia al servicio del gobierno, y lo transformó en una especie de policía secreta y privada.
Estaba claro que Hoover perseguía sus propios ideales basado básicamente en sus impulsos y sospechas sin un verdadero fundamento que hiciera sospechar de Einstein y muchas de las personas a las que afectó para conseguir una «verdad» inexistente.
Es aquí cuando nos recuerda otras de las famosas frases del aclamado científico «El respeto ciego hacia la autoridad es el más grande enemigo de la verdad», algo que hasta la fecha claramente podríamos seguir apoyando.
El periodista que quiso ir más allá de la verdad sobre el archivo del FBI de Einstein
Se trata de Fred Jerome, el periodista que incluso fue a la corte a demandarle al gobierno de Estados Unidos que liberara la versión más completa posible del archivo del científico y así descubrir la verdad.
Fue entonces cuando Jerome revela al mundo sobre el contenido de la investigación, donde no encontró más que acusaciones tan ridículas como una supuesta conspiración comunista en la que era partícipe, todo para controlar Hollywood.
Desafortunadamente eso causó que los rumores avivaran la investigación del FBI, al menos hasta la muerte de Einstein quien tuvo que soportar la presión de múltiples visitas del Departamento de Inmigración, quienes amenazaban con deportarlo.
Fred Jerome también encuentra varios documentos adjuntos al expediente, donde se puede ver una carta de la Corporación Mujeres Patrióticas pidiéndole al Departamento del Estado que le restringieran la entrada al país.
Según la corporación, Einstein era altamente sospechoso por haber estado presente en varias organizaciones que luchaban por la paz y estaba a favor del desarme, es decir, la disminución de la fuerza militar en las naciones para dar lugar a la diplomacia, algo que definitivamente iba en contra de los ideales estadounidenses.
Einstein… ¿comunista?
En dicha carta, incluso se le comparó con Stalin, al mencionar que ni siquiera el revolucionario socialista soviético era partícipe de tantas “organizaciones anárquicas y comunistas” como lo hacía Einstein.
También se incluyen los apoyos que el científico hizo públicamente a diversos grupos estadounidenses que incitaban luchar contra Franco y su dictadura, así como un informe de apoyo al Comité Estadounidense para la Libertad de España.
Pero la que fue la declaración más fuerte encontrada sin duda es aquella que acusan sin pruebas a Einstein de haber ocupado el despacho de Berlín para enviar mensajes codificados al gobierno de Rusia, con información relevante para ganar la Segunda Guerra Mundial.
Jerome, luego de estudiar a fondo el expediente armado por el FBI, cayó en cuenta que realmente el científico célebre no estaba tan inmiscuido en toda esa actividad o causas pacifistas.
Fue más bien, como otros personajes populares, una persona que daba su opinión y estaba a favor de lo que creía correcto, haciéndolo público y sin temor a desenmascarar una extraña vida secreta como espía o algo parecido.
Simplemente será recordado como una persona de tenaz opinión política que se preocupaba por el presente y el futuro de la humanidad, mostrando simpatía y apoyo a organizaciones y movimientos afines.
Queda claro que el director Hoover se estaba extralimitando con su trabajo al abrir dicho expediente sin tener pruebas contundentes que levantaran una verdadera sospecha que implique tan profunda investigación.
Siendo Einstein, de hecho, uno de las pocas celebridades que cuentan con un expediente del FBI, pues también encontramos celebridades como Elvis Presley, John Lennon, Pablo Picasso, e incluso la comediante y modelo Lucille Ball.
El FBI hizo uso de artimañas como espiar llamadas telefónicas, interceptar la correspondencia e incluso hurgar en la basura para inculpar a sus sospechosos y encontrar cualquier prueba que pudiera incriminarlos, obviamente sin éxito.
Ahora el caso de Einstein pasaría a ser el caso más vergonzoso de Hoover, que posiblemente caigan en la paranoia, totalmente absorbido por su trabajo que lo llevó más allá de los límites de su deber.
Especialmente porque dicho expediente, ni siquiera en sus más de 1,400 páginas, recolectó pruebas contundentes, recurriendo únicamente a testimonios seguramente sacados a la fuerza con amenazas.