¿Tiempo o dinero?

Desde los inicios de la conciencia del ser humano, uno de las preguntas que nos han mantenido en vela sin duda es sobre cómo alcanzar la felicidad.

Para la mayoría que vivimos bajo estándares, etiquetas y normativas socioculturales, encontrar la felicidad está enmarcada en unas cuantas opciones que van desde la familia hasta la fe religiosa.

Quienes han dejado todo atrás y han tomado su mochila para emprender ese viaje de autodescubrimiento para encontrar la felicidad, se han encontrado que el mundo es más grande de lo que ocurre en su rinconcito donde vivieron.

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Pero entonces, ¿por qué a estas alturas aún es tan difícil encontrar la felicidad, y siempre caemos en la vieja pregunta del dinero o el tiempo?

Generaciones han pasado con la creencia de que el dinero atrae la felicidad, pero con la llegada de una era más espiritual o consciente, lo han tirado a un lado diciendo que el dinero no lo es todo.

Y ahora, contrario a algunas décadas atrás, parecemos vivir en una doctrina donde a todos se nos inculcan que el dinero es sucio y que no debemos codiciarlo o atraerá la infelicidad, pero los pocos que lo tienen parecen ser felices a comparación de las películas de millonarios desdichados, claro, tratando de hacernos llegar ese mensaje.

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Pero, ¿qué hay de los que son capaces de despojarse de lo material y aseguran que la felicidad se encuentra en el tiempo?

No se trata de un viejo enfoque, pues en la época de guerras cuando nadie tenía el día siguiente asegurado, comenzó la era de «aprovecha tu día al máximo», «vive como si fuese el último día» que aún prevalecen pero no para todos tiene sentido cuando la realidad actual de muchos países se presta para pensar en el futuro distante sin preocupaciones.

Entonces, ¿el huevo o la gallina?, ¿el dinero o el tiempo?, ¿qué es aquello que debemos perseguir para ser felices?

Dicen que el dinero es malo pero yo no veo a nadie llorando en su yate mientras bebe champán.

Es uno de los tantos memes que además de dar risa, también nos pone a reflexionar un poco sobre cómo el dinero innecesariamente se ha percibido como algo sucio.

Por supuesto, el dinero ha llevado a muchos a hacer cosas terribles como robar, engañar, traicionar e incluso matar, pero ¿no lo ha hecho también algo tan “puro” como las creencias religiosas?

Y eso lo hemos visto a través de la historia, como la sangre derramada en las guerras Cruzadas, la famosa Santa Inquisición, la aniquilación de nativos junto a sus dioses al conquistar América al imponer el cristianismo, e incluso los mismos terroristas que se hacen explotar en nombre de su dios en la actualidad.

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No se trata de “echar tierra” a la religión tampoco, sino de darnos cuenta que no se trata del dinero o la fe religiosa, sino del mismo ser humano y su naturaleza.

 Es decir, podemos quitar el dinero y la religión de la fórmula y aun así seguiríamos asesinando, robando, engañando y más por otra cosa o en nombre de alguien más de todos modos, ya que es la forma en la que actuamos en este mundo.

No, tampoco se trata de hacer parecer que la humanidad va en picada y estamos destinados al caos. Debemos aprender a que la vida no es “blanco o negro”, sino que hay matices y diversidad en la naturaleza humana.

Por lo tanto, deberíamos de pensar dos veces antes de proponer que algo tan necesario como el dinero es algo malévolo que jamás debes codiciar.

La tendencia de los últimos tiempos

De hecho, en estas últimas décadas hemos estados pasando por una etapa de «desatanización» del dinero, debido a que nos hemos visto obligados a generar ingresos a partir de la actividad ciudadana y depender menos de las grandes empresas para que el dinero fluya.

Para salir de la pobreza, ya no podemos depender del ánimo de la élite y el gobierno, debemos empezar a tomar el destino de las comunidades donde vivimos con nuestras propias manos emprendiendo, generando empleos y haciendo fluir el dinero.

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¿Pero cómo lo lograremos si se nos ha inculcado que hacer las cosas por dinero está mal, que el dinero no atrae la felicidad?

En efecto, el dinero como tal, billetes y monedas, no atrae la felicidad, pero sí subsana las necesidades tan importantes que tenemos y que nos han hecho desdichados por siglos: el hambre y la carencia.

Es importante educar a las nuevas generaciones para perseguir y utilizar el dinero con sabiduría, es decir, verlo como un medio inerte para poder intercambiarlo por servicios y bienes, y que las fallas las causa nuestra irresponsabilidad, no el dinero.

Una persona con moral, principios y valores, no se dejan llevar tan fácilmente por la tentación del dinero, de hecho, su filosofía de vida es fuerte contra prácticas antiéticas como el soborno y la corrupción. Desgraciadamente no todos tienen acceso a esos conocimientos.

Y es que desde que somos pequeños nos obligan a pensar como obreros, que deben conseguir el dinero para subsistir en este mundo lo más decentemente posible, pero a nadie nos enseñan cómo manejar sabiamente el dinero para lograr nuestros objetivos y aportar positivamente a nuestra sociedad en vez de poseer riquezas egoístamente.

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¿Será que así podamos empezar a transformar nuestra idea del dinero y utilizarlo como una herramienta para ser felices?, ¿o necesitamos algo diferente?

Deja de preocuparte y mejor ocúpate

Cuando hablamos de felicidad siempre viene a la conversación el disfrutar el tiempo presente, pues el pasado y el futuro son dos cosas que no existen y que solo nos preocupan innecesariamente.

Tener tiempo libre sin lugar a dudas nos hace sentir bien, especialmente luego de toda una larga jornada de trabajo y tareas.

Tener tiempo es sinónimo de descanso, fiestas con amigos, celebraciones en familia, hacer eso que querías hacer y lo posponías, e incluso algo tan pequeño pero significativo como regar tus plantas, jugar con tu querida mascota o gozar de ese atardecer.

Y es que muchas personas tendemos a vivir en nuestro propio mundo interno, rememorando amargamente esos recuerdos frustrantes, o pensando si nos alcanzará el dinero para el próximo mes, tal vez simplemente sueñes despierto, se nos dificulta estar en el presente y aprovechar este tiempo.

Matt Killingsworth de Harvard, ha corroborado en sus estudios que podemos sentirnos mejor si vivimos en la realidad y nos concentramos en la experiencia que estamos viviendo en este momento, incluso si no es placentero.

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Estar atascados en el tráfico es un buen ejemplo al ser una experiencia poco deseable, pero incluso en esos momentos, si dejamos de pensar en el futuro (en aquello que haremos al llegar a nuestro destino) y nos concentramos en el presente, es muy seguro que no nos frustremos tanto.

La clave es no pensar en escenarios irreales futuras ni rememorar el pasado, sino empezar a observar de cerca, reflexionar, sentir y percibir en tiempo real, las cosas que te rodean, tocas, escuchas y ves en este preciso momento.

Si podemos hacer esto con un ejercicio poco placentero, qué no hará por nosotros cuando estemos con nuestros seres queridos, en nuestro lugar favorito y haciendo lo que nos gusta.

¿No seríamos un poco más felices si dejáramos de sentir que queremos estar en otro lugar y haciendo otra cosa en un escenario inexistente? Tal vez mientras piensas eso, te estás perdiendo de algo bueno que tienes a un lado y  a donde puedes ir para sentirte mejor.

Sin duda, la felicidad del tiempo presente es un tesoro que muy pocos tienen, pues muchos lo encuentran al estar frente a las puertas de la muerte.

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No olvidar nunca mantener el equilibrio

Terminemos como empezamos, hablando sobre que las cosas no son blanco o negro, dinero o tiempo. Hablemos de matices, o mejor dicho, del equilibrio.

Aunque seguramente el más necesitado o el que desea mejorar su mundo elija el dinero, o aquel que tiene los días contados, trabaja demasiado y valora la vida natural opte por el tiempo libre, el equilibrio es algo que siempre nos ha demostrado ser la clave para la felicidad.

Está bien desear tener dinero y perseguir ese objetivo, pero también es importarte velar por esas personas que deseas proteger y hacer felices, e incluso por tu propio bienestar.

Después de todo, el dinero no vendrá si estamos postrados en una cama enfermos de tanto trabajar, ni mucho menos si nuestra persona amada con la que compartimos poco está en esa situación.

Pero también el exceso de tiempo libre significa vivir con muchas carencias y tener pocas herramientas para ayudar y ayudarnos, haciéndonos sentir incómodos.

El equilibrio puede ser una salida perfecta para poder auto superarnos y al mismo tiempo gozar de nuestra estancia en este mundo, sin duda, algo por el cual deberíamos de apostar.