Durante muchas décadas China ha sido un símbolo del crecimiento de la industrialización, creando toda clase de productos que se venden alrededor del mundo, haciendo al mercado algo más accesible a toda clase de economías gracias a su producción en masa bastante económico.
Con la misma velocidad, también llegó una nueva reputación gracias a fotografías que aparecieron en toda clase de medios de comunicación. Una ciudad completamente sumergida en una densa niebla donde no se podía ver lo que pasaba a varios metros de distancia.
“¡No es niebla, es contaminación!”, era algunos de los títulos que acompañaban estas imágenes donde se les ve a la ciudadanía teniendo que caminar con cubrebocas debido a lo peligroso que era ya respirar ese aire.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) llegó a calificar la calidad del aire del airea norte de China como peligrosa, superando hasta 20 veces los índices de contaminación recomendados por las autoridades de salud.
¿Cómo llegó China a ser un país tan contaminado?
La razón más evidente que podemos señalar al ser uno de los países más poblados del mundo ha sido el exceso de vehículos a gasolina que libera una cantidad impresionante de CO2 a la atmósfera. No solo se trata de los vehículos particulares de los más de 1.300 millones de habitantes, también cuenta con una de las industrias más grandes de camiones de transporte de mercancía.
Sin embargo, en una de las ciudades con mayor tráfico, Pekín, se estima que de la contaminación total del país los vehículos solo representan el 30%, un número alto pero que no lo hace acreedor al motivo más fuerte para acabar así de mal.
Leyes muy suaves contra la polución
Durante décadas China había tenido una de las legislaciones más permisivas y suaves en cuestiones medioambientales, donde muchas veces se pasaban por alto muy a comparación de las normatividades europeas.
La enorme cantidad de empresas con las que cuenta China no daban tregua a la expulsión de gases de efecto invernadero, sabiéndose mucho después que las empresas se preparaban para tener todo en regla cuando era día de inspección, aunque muchas otras preferían optar por el camino del soborno.
La atmósfera no era el único que sufría, pues para 2015 se estima que más del 40% de los ríos del país ya se encontraban altamente contaminadas, haciendo fluir aguas tóxicas llenas de residuos provenientes de estas fábricas sin que se hiciera mucho al respecto.
Una economía en rápido desarrollo
Retomando lo dicho anteriormente, China se convirtió en un potencial comerciante para todo el mundo gracias al crecimiento industrial que trajo mucho dinero al país pero también un fuerte golpe a la salud de las personas y los ecosistemas.
Los ciudadanos disfrutaron como nunca de este gran poder adquisitivo gracias a la economía que iba como viento en popa y los productos nacionales asequibles, obteniendo principalmente lo último en tecnología para el hogar como refrigeradores, lavadoras, televisores, aparatos de entretenimiento y más.
Esto no solamente fortaleció la demanda de fabricación, también la del consumo energético. Se dice que entre 2000 y 2012 el consumo de electricidad era cuatro veces mayor que antes de la llegada del milenio, convirtiéndolo en el mayor demandante de electricidad en el mundo, provocando que las plantas energéticas contaminaran más.
Uso del carbón como principal fuerte de energía
Aunque se sabe que los combustibles a base de petróleo tienen fama de ser altamente contaminante, en realidad es el carbón es uno de los más contaminantes en el mundo. Desafortunadamente un país tan grande como China hacía un uso desmedido de esta fuente de energía.
En 2012 el carbón representaba ya el 70% de la energía en todo el país. Esto significa que China había estado consumiendo por sí solo casi la misma cantidad de carbón que todos los demás países juntos, liberando gases altamente tóxicos, azufre y CO2.
Lo que empeora el panorama es que China no podía utilizar de forma eficiente esta energía. Sus plantas energéticas eran tan poco eficientes que generaban la misma cantidad de energía que lo hacían otros países como Japón o Alemania, pero usando el doble o el triple de combustibles.
Esto debido a una falta de avance tecnológico en las plantas de energía y las formas en que distribuían la electricidad a las ciudades. Esto aunado con la falta de regularización de los edificios en cuanto a aislamiento, materiales utilizados, entre otros, provocaban el uso más constante de energía eléctrica para calentar o enfriar los espacios de acuerdo a la temporada.
China finalmente se propone a hacer el cambio y eliminar la mala reputación del país
La contaminación dio cabida a una revolución para tratar de contenerla y erradicarla, lucha liderada por el primer ministro Li Keqiang en 2014. Gracias a los esfuerzos realizados desde ese entonces, ahora las emisiones generadas en el país se han reducido en un 40%, según la Universidad de Chicago.
Debido a la escala que significa la contaminación de China a nivel global, tan solo esta reducción nacional significa el 75% de la reducción lograda en todo el mundo durante ese periodo.
Estos intentos por mejorar las condiciones del aire de hecho se iniciaron mucho antes, en 2008 cuando se celebraron los Juegos de Verano, donde se hicieron cerrar durante un tiempo las fábricas altamente contaminantes.
Sin embargo, esta medida duró hasta que terminó el evento, luego de eso los índices de contaminación estuvieron a la alza nuevamente, llegando un punto verdaderamente preocupante en 2013 cuando advirtieron que la espesa niebla de contaminación afectaba la salud mucho más de lo que se pensaba, pues además de afectar las vías respiratorias, estas sustancias tóxicas podían llegar al torrente sanguíneo y ahí atacar diversos órganos.
Nuevamente un gran evento deportivo como los Juegos de Invierno 2022 recientemente celebrados, lograron apaciguar la contaminación un 49% desde ese momento clave en 2013, según reporta la Red Nacional de Monitoreo de Calidad de Aire nacional.
Disminuir hasta casi la mitad la contaminación atmosférica no fue cosa fácil ni de un momento a otro, uno de los encargados del informe que documenta este proceso, Michael Greenstone, menciona que esta Red Nacional de Monitoreo no había existido hasta recientemente y ha hecho la diferencia.
Esta dependencia del gobierno central vino a regular la manera en la que se informa las condiciones de la calidad del aire, luego de que se encontró que los gobiernos de las localidades influían y manipulaban los informes que ellos generaban a manera de mantener una buena reputación y evitar sanciones.
Una vez que la nueva dependencia tomó las riendas de estos informes, la tecnología y calidad de monitorización mejoraron, asegurando lecturas y análisis objetivas. Esto obligó a los gobiernos locales a tomar las medidas necesarias para mantener sus números a raya.
Pero sin duda, uno de las decisiones más determinantes y radicales fue la de cerrar centrales eléctricas que trabajaban con carbón, así también con otras centrales más antiguas que no cumplían con las normas actuales, principalmente en aquellas zonas con mayor tasa de contaminación.
Las grandes urbes como Shenzhen, Guangzhou y Shanghá levantaron nuevas normas de tránsito que regulaba la cantidad de coches que podían circular, así como el lanzamiento de flotas de autobuses públicos eléctricos.
Los bosques, grandes consumidores de CO2 y generadores de oxígeno, también fueron parte de la solución al realizar programas exhaustivos de reforestación y expansión de las zonas verdes, logrando plantar más de 35 mil millones de árboles a lo largo de 12 localidades.
Desde luego, esto significó inyectar una inversión que superaron los 100 mil millones de euros, que logró pasar por encima de las inversiones realizadas en otros países europeos y Estados Unidos.
Esta lucha de más de cinco años ha logrado posicionar a China en la lista estándar de niveles de polución en el mundo, sin embargo, la lucha está lejos de terminar especialmente cuando aún forma parte de los países con índices altos de contaminación según la OMS, pero ya es un camino menos largo que recorrer.
Para ponerlo en perspectiva, la ciudad más contaminante de Estados Unidos, Los Ángeles, sus índices de polución apenas representan un tercio de lo que genera Beijing, pero la excelente noticia es que aumentado la esperanza de vida de los chinos hasta 2 años más que antes.
Al igual que Beijing, otras localidades como Baoding en Hebei, también mostraron mejoras dramáticas reduciendo cerca del 54% de emisiones tóxicas mortales para la salud. China espera convertirse en un país cero emisiones para 2060, pero aún no está muy claro si lo logrará a tiempo.