Despierta criatura que permanecía congelada desde hace 24.000 años

Nuestro planeta no solo se compone de tierra y agua, también encontramos un tipo de suelo llamado permafrost, que es una capa de hielo, que como su nombre sugiere, se encuentra permanentemente congelado.

También lo conocemos con la tundra, ubicado en los polos de nuestro planeta y que conforman los espacios de Canadá, Alaska, Noruega, Tíbet, Siberia, entre otros lugares que si los viéramos desde el espacio, serían todos esos espacios blancos.

Pero ya no es ninguna novedad el hecho de que el permafrost, o los polos, se están descongelando a un ritmo alarmante que no solamente significa que nuestro planeta se está calentando y que todo el ecosistema de la tundra también se extinguiría.

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Debemos recordar que no siempre existió el permafrost como hasta ahora lo conocíamos, sino que se dio lugar gracias a la llamada era de hielo, que dejó bajo su congelado suelo criaturas perpetuadas en hielo como los famosos mamuts o tigres tiendes de sable.

También quedaron ahí restos de dióxido de carbono, metano e incluso virus prehistóricos que los científicos aseguran quedarán libres una vez que sean liberados de su cautiverio hacia el medio ambiente.

Pero antes de que todo esto suceda, ya han podido encontrar una criatura del permafrost que al descongelarlo, descubrieron impresionados que este volvió a la vida.

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Se estima que esta criatura estuvo congelada 24.000 millones de años

Han sido los científicos rusos quienes han encontrado esta criatura, específicamente clasificado como un rotífero que posiblemente vivía en el agua antes de que fuese congelado.

Los rotíferos son criaturas microscópicas que oscilan entre los 0.1 y 0.5 nanómetros, en la actualidad, estos habitan comúnmente en las aguas dulces o en cualquier ambiente con alto grado de humedad como en el musgo, hongos, líquenes, pero también se los ha encontrado en el agua salada.

Este rotífero antiguo se le encontró completamente solo y congelado en hielo de agua dulce, y su edad ha impresionado a los científicos, pues si bien se sabía que podía volver a la vida luego de congelado, se pensaba que su límite era de unos diez años.

La revista científica Current Biology muestra los hallazgos de estos científicos, el proceso de cómo pudieron regresar a la vida al rotífero y que este es muy parecido a lo que conocemos en la actualidad como tardígrado.

Para darnos una idea de los sucesores de este nanocriatura prehistórica, los tardígrados más famosos de la actualidad son el oso de agua, que heredó sus características de resistir a las condiciones más extremas del mundo.

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Cuando fue hallado en el permafrost en Siberia, se le aplicó la prueba de carbono para descubrir su edad, los científicos estiman que su edad oscila entre los 23.960 y 24.480 años de antigüedad.

Esta sería la tercera criatura que pudo despertar después de su congelamiento en toda la historia y el primero más antiguo, el primero siendo un gusano de 40.000 años, y luego otro tardígrado de 30.000 años que sobrevivieron al descongelamiento en un ambiente controlado en un laboratorio.

El laboratorio ruso que hizo este hallazgo menciona que fue encontrado a 3.5 metros de profundidad del permafrost, específicamente en una capa del suelo que pertenece al Pleistoceno, la era postglaciar que ocurrió aproximadamente10.000 a. C. y todavía habitaban mamíferos adaptados al clima gélido.

Pero se estima que esta capa en especial es un poco más antigua, de 12.500 años, justo antes de que la glaciación se terminara.

Otro descubrimiento que hicieron es que este rotífero es asexual, es decir, que es capaz de reproducirse por sí solo gracia a la partenogénesis, un tipo de reproducción donde la criatura puede desarrollar células que se convierten en otra criatura individual.

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Entender cómo las criaturas del permafrost son capaces de resucitar, podría dar pistas para hacer que la criogenización sea una realidad

Hasta la fecha, la criogenización es simplemente una tecnología sacada de una historia de ciencia ficción pues si bien estos animales sencillos conformados por unas cuantas células pueden conservarse a la perfección, se entiende que los seres más complejos es imposible.

Los mamíferos como nosotros, tenemos pocas oportunidades de sobrevivir a un congelamiento incluso si se hace en un laboratorio, pues hay una serie de procesos bastante complicados que nos mantienen con vida y que su perpetuación en hielo no podría ser posible.

Y aunque con la tecnología actual y con la que se podría proyectar dentro de unas décadas se puede asegurar que es algo completamente invisible, los científicos no cierran su mente y tratan de observar cualquier información que pueda ser una posible pista.

Lo que observaron en el rotífero es que es lo suficientemente pequeño para poder ubicarse entre los cristales que conforman el hielo. Para poderlo entenderlo mejor, imaginemos que los cristales de hielo son como espadas filosas.

Si claváramos decenas de espadas en la tierra, hay una gran posibilidad de que una pequeña hormiga haya podido sobrevivir en un pequeño espacio que no ha sido penetrado por estas espadas.

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Por el contrario, una criatura más grande como un ratón, por más pequeña que sea la especie, este quedaría a merced del filo de las cuchillas, destruyendo el cuerpo al cortar las células que la conforman.

Exactamente así funcionan los cristales de hielo en los mamíferos y otros animales más complejos. Sin embargo, de poder entenderse este efecto, posiblemente daría otra pista paralela que ayude a los científicos a entender algo menos complejos como una criogenización, como la conservación de tejidos u órganos humanos.

Esto podría ayudar a los bancos de órganos a tener disponible cada vez que un paciente necesite un trasplante sin la necesidad de esperar la interminable lista de espera que viene únicamente cuando hay un donador disponible compatible.

Sin embargo, en la actualidad se ha observado que los órganos y tejidos tienden a destruirse en un estalo de congelación cuando su estructura celular, que está conformada por líquido, se cristaliza y actúa como cuchillas destrozando el tejido.

Hasta ahora, lo más cercano que hemos llegado a la criogenización se ha realizado con estructuras más o menos complejas como los órganos embrionarios de algunos animales, esto gracias a que no son congelados, sino que perpetuados en un gel anticongelante que puede alcanzar los -196 °C.

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Pero el proceso de congelamiento no es el único obstáculo, también debemos pensar si realmente un mamífero podría ser reanimado luego de tales condiciones.

Hace unas décadas, un grupo de científicos aseguraron que podrían hacerse de una técnica que podría ayudar a la reanimación gracias a la nanorreparación celular, que se basa en controlar la forma en que las células crecen y se regeneran en los diferentes tejidos que puedan ser dañados.

Bueno, tomando en cuenta que esto lo dijeron al menos hace cincuenta años, podríamos tomarlo como mera teoría, o como algunos aseguran, mera ciencia ficción, pues incluso con toda la tecnología que ha avanzado desde entonces, no somos capaces de llegar a tal grado.

El oso de agua, nuestra única esperanza de poder perpetuarnos sin envejecer

Como mencionamos antes, uno de los sucesores del rotífero encontrado en el permafrost es el oso del agua, que ha heredado de su antecesor su habilidad no solo de resucitar luego de estar congelado, también de vivir a temperaturas ridículamente calientes.

El oso de agua ha sido también un sujeto de experimentación en las misiones espaciales, pues están estudiando si también este organismo es capaz de mantener sus increíbles habilidades fuera del planeta, tal vez en la Luna.

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En 2007, se dieron cuenta que el tardígrado lo que hacía era deshacerse de su agua mientras reducía su metabolismo, envolviéndose en una especie de semilla que al encontrar el agua volvía a la vida incluso luego de congelarse.

El oso de agua en su estado inactivo, fue capaz de resistir las temperaturas tan frías del espacio, pero también a altos niveles de radiación que encontramos más allá de nuestro escudo protector: nuestra atmósfera.

Por primera vez los científicos se dieron cuenta que los animales multicelulares como estos, bien podrían vivir en nuestro satélite por varios años a comparación de los seres más complejos como los mamíferos, que al estar expuestos a la radiación podrían verse muy afectados.

Lukasz Kaczmarek, científico que estudiar los tardígrados en el ámbito espacial menciona que estas criaturas podrían darnos pistas también en este sector, especialmente cuando se requieran viajes largos que requieran perpetuar la edad en las personas.