NASA prueba sensor sísmico volador en California, la próxima prueba sería en Venus

El 4 de julio de 2019 recibimos la noticia de que California fue sacudida por un terremoto bastante potente de magnitud 6,4 que asustó a los ciudadanos de Los Ángeles.

Fue tan fuerte que el gobernador, Gavin Newsom, declaró estado de emergencia por los daños ocasionados en diversos edificios, vialidades y otros servicios básicos como agua, gas y energía eléctrica que terminaron ocasionando incendios y evacuaciones en algunas localidades como Kern.

De acuerdo con el Instituto Tecnológico de California, este sería el primer terremoto de gran magnitud registrado desde 1999, lo que terminó siendo su suceso de gran relevancia para la comunidad científica que estudia la actividad sísmica de la región que afecta la Falla de San Andrés.

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Dos días después, el 6 de julio, ocurre un nuevo terremoto esta vez de magnitud 7,1 que no les permite a los californianos sentir alivio luego del primero. Esta vez azotó de noche en la región sur del Estado, superando al anterior coronándose como el más fuerte en 20 años en la localidad.

El Servicio Geológico de Estados Unidos esta vez fue quien dio el aviso del epicentro en Ridgecrest, exactamente a 200 kilómetros de Los Ángeles, y a 0,9 kilómetros de profundidad, cuya intensidad sobrepasó la frontera con México percibiéndose en Tijuana.

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Los daños incluyeron incendios por fuga de gas y cables de alta tensión arrancados, así como personas lesionadas. Afortunadamente no hubo pérdidas humanas y solo materiales que no afectaron el tránsito.

La empresa SkyAlert siguió de cerca las decenas de repicas que ocurrieron luego del terremoto, anunciando que continuarían incluso para las próximas semanas.

Lo que pocos sabían es que la NASA también vigiló de cerca estos acontecimientos con lo más nuevo de detectores sísmico

Cualquiera pensaría que la NASA está muy ocupado mirando el espacio como para preocuparse por lo que ocurre en la Tierra, pero nada más lejos de la verdad. Lo cierto es que la NASA usa como referente nuestro propio planeta para poder prepararse a lo que encontrará allá a fuera.

Y es que el resto de los planetas de nuestro sistema solar no son tan ajenos a nuestro como pensábamos pese a no tener vida en sus superficies. Pero también en nuestros planetas vecinos ocurren fenómenos naturales como tornados, tormentas eléctricas, lluvia, granizo, auroras boreales, erupciones volcánicas y también terremotos, así como otras.

Y como siempre es bueno sacarle algo positivo hasta las cosas más catastróficas, la NASA pudo detectar este fenómeno natural con sus nuevos globos aerostáticos que llevan consigo poderosos sensores de movimientos sísmicos.

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Esto es algo increíble si tenemos en cuenta que los sensores utilizados por sismólogos suelen estar en tierra o agua. Así que poder desarrollar instrumentaría aérea que sea capaz de detectar el más mínimo movimiento en tierra significa un gran avance para la ciencia.

Si bien esta tecnología podría ser aplicada posteriormente para nuestro beneficio, de momento estos dos globos pertenecen a una misión mucho más grande, y es la de poder medir la actividad sísmica de otros planetas como Venus, que será su próximo destino.

La tecnología utilizada para esta nueva técnica consiste en sensores bajo tierra, como es de costumbre, cuya información viaja a través de un cable de fibra óptica, pero cuya computadora y otras tecnologías que traducen esta información se encuentran volando en las alturas.

Así que ya no sería necesario colocar kilómetros y kilómetros de cables hasta llegar a un terreno propicio donde pueda estar ubicado una cabina para las computadoras y trasmisores que también puedan verse afectadas por los sismos, hurtos y otras amenazas.

En Venus, desde luego, no sufriría dichas amenazas, pero es de gran ayuda para obtener otra clase de información como la presión del aire. Además, resultaría una buena alternativa para mantener la instrumentaría lejos de la superficie caliente y tóxica de Venus.

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Si bien Venus no sería un destino viable para Marte debido a sus condiciones de calor extremo, vale la pena echar un ojo a lo que ocurre en el planeta amarillo, pues a comparación de Marte, su atmósfera a cierta altura resulta mucho más accesible y amigable para la tecnología de la NASA.

Este sería el primer paso para poder viajar a Venus, que se estima sería para el 2026 a bordo de dirigibles para mantenerse el mayor tiempo posible en el aire, cuyas condiciones son más propicias para el ser humano que su superficie.